La mirada interior

 

Buscar,

crecer,

intuir,

estar en el camino.

Fluir,

precipitarse,

perderlo

…buscar el camino

 

Antonio

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Como lágrimas en la lluvia

No sé si esto le pasa a todo el mundo. Cuando era adolescente escuchaba una serie de canciones que han quedado marcadas a fuego en mi memoria, pero por más que las busco ya no puedo encontrarlas, han desaparecido para siempre. Son como la banda sonora de una vida, el perfume de los primeros amores, el pañuelo de los primeros desengaños… A veces pienso que nadie más que yo las recuerda.

Una de estas queridas canciones se titulaba: «La noche entera«, y comenzaba así:

«A las seis de la mañana paseamos por el parque oeste el amanecer y yo. El otoño léntamente cae de un árbol, y mis pies de primavera buscan una dirección. La noche entera despierto, la noche entera pensando en tí. Es como hacerse pedazos; echar de menos tus pasos, saber que no estás aquí, saber que sigues viviendo como un lobo, solo…»

 

¿Dónde irán las canciones que mata el olvido?

 Antonio

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La magia de una voz

Dicen los entendidos que María Calas estuvo lejos de ser la mejor soprano de su tiempo. Su técnica no era tan depurada como la de otras, como Renata Tebaldi, y su peculiar timbre, sus agudos y sus graves, resultaron inclasificables para su época.

Pero María pisaba el escenario y se convertía en un ángel. Era imposible apartar la mirada de ella, irradiaba luz. Y su voz… su voz se metía en lo más profundo del alma y brotaba desde dentro como se abre una flor, empapando de ternura, conmoviendo. Alguien trató de describir el efecto que provocaba diciendo que «desconcertaba a quien la oía». Pero María sufría, se le escapaba la vida en cada canción.

Nadie puede explicar la magia de una persona que, tres décadas despues de su muerte, aún tiene la capacidad de enamorar y de hacer llorar como lo hace ella.

Bendita sea

Antonio

Carta al niño que fui

No quise defraudarte, créeme. Tal vez no tuve el valor de luchar por nuestros sueños, pero la vida resultó no ser un ancho camino, sino una vía de hierro por donde transitar en fila.

Hoy no queda nada del lugar donde jugábamos. Pasaron las máquinas y construyeron bancos y rascacielos. ¿Te acuerdas de aquel montículo donde te sentabas por las tardes a imaginar cómo sería tu futuro?, lo he perdido.  No soy capaz de localizarlo entre las calles del nuevo barrio.

Lo bueno es que por fin la conocí, y me casé con ella… y nunca le he dicho que ya la habíamos soñado. Creo que ella también habla con su niña. Lo sospecho porque en ocasiones la sorprendo con la mirada perdida. Entonces doy la vuelta y cierro la puerta despacito, por si no somos aquel con quien ella soñó.

Antonio 

pensativo

Cuaderno de bitácora

Día 12 de diciembre de 2008

Fuerte oleaje en el mar de las dudas, con viento norte que arrecia desde la madrugada. El riesgo de naufragio es cada vez más evidente, y la tripulación se muestra nerviosa mientras el capitán sigue sin hablar, mirada perdida sobre el horizonte.

Este barco que hace una semana parecía insumergible ha pasado a ser un inestable velero que nos mantiene a duras penas. Esperaremos a que pase la nube negra en soledad. Como tantas veces.

Antonio

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El buscador de señales

Tengo un amigo que me fascina. Tal vez sea la persona más mística y espiritual que jamás he conocido.

Cuando Ramón quiere saber algo, lanza la pregunta al universo y espera una señal. Y la señal llega, siempre llega: una vez en forma de metáfora, otra vez en forma de canción…

Me pregunto si él será la respuesta a mi propia pregunta, y lo imagino vagando por la vida con los ojos ávidos de encontrar señales, escrutando el vuelo de una golondrina mientras de su su corazón escapa un… ¿eres tú?

Antonio

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