La magia de una voz

Dicen los entendidos que María Calas estuvo lejos de ser la mejor soprano de su tiempo. Su técnica no era tan depurada como la de otras, como Renata Tebaldi, y su peculiar timbre, sus agudos y sus graves, resultaron inclasificables para su época.

Pero María pisaba el escenario y se convertía en un ángel. Era imposible apartar la mirada de ella, irradiaba luz. Y su voz… su voz se metía en lo más profundo del alma y brotaba desde dentro como se abre una flor, empapando de ternura, conmoviendo. Alguien trató de describir el efecto que provocaba diciendo que «desconcertaba a quien la oía». Pero María sufría, se le escapaba la vida en cada canción.

Nadie puede explicar la magia de una persona que, tres décadas despues de su muerte, aún tiene la capacidad de enamorar y de hacer llorar como lo hace ella.

Bendita sea

Antonio

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