La felicidad

La felicidad

Alguien dijo una vez que como un hombre piensa así es su vida, y es que el mundo en que vivimos es, a fin de cuentas, como nosotros lo interpretemos. Por eso ante las mismas circunstancias, unos se derrumban y otros salen fortalecidos.

Da pena ver la cantidad de tiempo que gastamos en excusas, pretendiendo que las cosas cambien a nuestro favor, imaginando el futuro y viviendo en diferido… ignorando lo bueno y tan atentos a lo malo.

Tal vez no podamos cambiar las circunstancias, pero sí nuestra reacción hacia ellas. No hay por qué ser como esa hoja que arrastra el viento, que cayendo en la hierba se sentirá dichosa y si cae en un charco maldecirá su suerte. Definitivamente tenemos la capacidad de mejorar nuestra vida a través del pensamiento: valorando lo que tenemos, buscando la belleza de las cosas y esforzándonos en ver el lado bueno.

Si en un saquito metes rosas olerá bien. Si metes basura ya sabes cómo olerá. Eso ocurre con nuestro cerebro y los pensamientos positivos o negativos. Buenos pensamientos y buenas acciones te convertirán en una persona feliz.

Disfrutemos del enorme placer de estar vivos.

Antonio

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El elogio

El elogio

No me siento bien cuando me elogian, lo cual es irónico porque ¿qué otra cosa buscamos, sino el elogio constante de los demás? Sin embargo me violenta.

Me pregunto si de alguna manera no es una forma de control. Al ser objeto de elogio uno se coloca en posición de cumplir la expectativa de los demás, de no poder rebajar el listón que otros te han colocado.

La respuesta al elogio también es complicada. Los cánones de humildad requieren que uno no muestre signo de merecerlo, así que cae con facilidad en la falsa modestia, que no es otra cosa que la presunción vestida de pobre. Siendo así, personalmente opto por el agradecimiento y la fuga apresurada, lo cual no evita esa sensación de incomodidad.

Alguien dijo que de la crítica puedes defenderte, pero ante el elogio estás indefenso. Yo añadiría que el aplauso ajeno nunca es gratuito. Cuidado con él.

Antonio

A Joaquín Sabina

Querido Maestro

En esta maldita España que muere y bosteza, hace falta que alguien desaparezca para llorarle y reconocer su valía.  El día que tu voz se apague (sea dentro de muchos años) aquellos que te critican por tu afición a los toros, o por la ceja, o por la madre que los parió, se darán cuenta de quién eres. Se forrarán las discográficas con tus recopilaciones, la gente comprará tus libros de poemas y hasta pondrán tu nombre en alguna calle. Yo, que moriré sin conocerte pero te conozco, quiero gritar hoy lo grande que eres. ¡Quiero decir a los cuatro vientos que viva la madre que te parió! y que aún vivo y coleando, eres patrimonio universal de miles de corazones aquí y al otro lado del charco.

Empecé a seguirte con aquel lejano Juez y Parte; me vengué de mi primer desamor dedicándole Princesa, y viajé demasiadas veces en un sucio tren que iba hacia el norte escuchando Rebajas de enero. Tiempos de mili. Allí entendí en toda su extensión Calle Melancolía y pasé noches en vela torturándome con Así estoy yo sin ti. Más tarde la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Conocí a mi propia Eva tomando el sol, con el adiós le dediqué Cuando aprieta el frío, y la rutina finalmente me atrapó.

Fueron tiempos de mi nube negra. Tan joven y tan viejo me abrió el alma de arriba abajo poniéndome un espejo delante, Vinagre y rosas para una vida que se deslizaba cada día más por el Boulevard de los sueños rotos.

Cuando el hombre del traje gris me reclamó, abrí la jaula a mi corazón escapando al otro lado del charco. Allí defraudé a mis amigos y sobre el banco de un parque dormí como un lirón. En Perú escuché por primera vez la canción más hermosa del mundo, la increíble Y sin embargo. No puedo oírla sin que se me ponga la piel de gallina.

Pasaron los años… fugaces como estrellas de Bagdag. Ahora como caliente, pago mis impuestos y tengo pasaporte, pero demasiadas veces pierdo el apetito y no puedo dormir. Entonces cierro los ojos y recuerdo con tristeza a mis Aves de paso, y a aquel amigo que quedó retratado magistralmente en Conductores suicidas, del cual nunca he vuelto a saber. A veces me acabo preguntando si no me han robado el mes de abril.

Mucho más adentro, allá donde se guardan las cosas que no pueden contarse, quedan canciones dedicadas a profundos ojos en los que me he reflejado, como Peor para el sol, Medias negras o A la orilla de la chimenea. Secretos que quedarán por siempre Donde habita el olvido, porque a fin de cuentas estamos ya más cerca de la Viuda de Cliquot que de Pájaros de Portugal, ahora que casi siempre Llueve sobre mojado.

Flaco… ¡No te mueras nunca!

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Antonio