A Joaquín Sabina

Querido Maestro

En esta maldita España que muere y bosteza, hace falta que alguien desaparezca para llorarle y reconocer su valía.  El día que tu voz se apague (sea dentro de muchos años) aquellos que te critican por tu afición a los toros, o por la ceja, o por la madre que los parió, se darán cuenta de quién eres. Se forrarán las discográficas con tus recopilaciones, la gente comprará tus libros de poemas y hasta pondrán tu nombre en alguna calle. Yo, que moriré sin conocerte pero te conozco, quiero gritar hoy lo grande que eres. ¡Quiero decir a los cuatro vientos que viva la madre que te parió! y que aún vivo y coleando, eres patrimonio universal de miles de corazones aquí y al otro lado del charco.

Empecé a seguirte con aquel lejano Juez y Parte; me vengué de mi primer desamor dedicándole Princesa, y viajé demasiadas veces en un sucio tren que iba hacia el norte escuchando Rebajas de enero. Tiempos de mili. Allí entendí en toda su extensión Calle Melancolía y pasé noches en vela torturándome con Así estoy yo sin ti. Más tarde la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Conocí a mi propia Eva tomando el sol, con el adiós le dediqué Cuando aprieta el frío, y la rutina finalmente me atrapó.

Fueron tiempos de mi nube negra. Tan joven y tan viejo me abrió el alma de arriba abajo poniéndome un espejo delante, Vinagre y rosas para una vida que se deslizaba cada día más por el Boulevard de los sueños rotos.

Cuando el hombre del traje gris me reclamó, abrí la jaula a mi corazón escapando al otro lado del charco. Allí defraudé a mis amigos y sobre el banco de un parque dormí como un lirón. En Perú escuché por primera vez la canción más hermosa del mundo, la increíble Y sin embargo. No puedo oírla sin que se me ponga la piel de gallina.

Pasaron los años… fugaces como estrellas de Bagdag. Ahora como caliente, pago mis impuestos y tengo pasaporte, pero demasiadas veces pierdo el apetito y no puedo dormir. Entonces cierro los ojos y recuerdo con tristeza a mis Aves de paso, y a aquel amigo que quedó retratado magistralmente en Conductores suicidas, del cual nunca he vuelto a saber. A veces me acabo preguntando si no me han robado el mes de abril.

Mucho más adentro, allá donde se guardan las cosas que no pueden contarse, quedan canciones dedicadas a profundos ojos en los que me he reflejado, como Peor para el sol, Medias negras o A la orilla de la chimenea. Secretos que quedarán por siempre Donde habita el olvido, porque a fin de cuentas estamos ya más cerca de la Viuda de Cliquot que de Pájaros de Portugal, ahora que casi siempre Llueve sobre mojado.

Flaco… ¡No te mueras nunca!

11251058_10205171288335441_8747956987971853331_n

Antonio

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s