No me siento bien cuando me elogian, lo cual es irónico porque ¿qué otra cosa buscamos, sino el elogio constante de los demás? Sin embargo me violenta.

Me pregunto si de alguna manera no es una forma de control. Al ser objeto de elogio uno se coloca en posición de cumplir la expectativa de los demás, de no poder rebajar el listón que otros te han colocado.

La respuesta al elogio también es complicada. Los cánones de humildad requieren que uno no muestre signo de merecerlo, así que cae con facilidad en la falsa modestia, que no es otra cosa que la presunción vestida de pobre. Siendo así, personalmente opto por el agradecimiento y la fuga apresurada, lo cual no evita esa sensación de incomodidad.

Alguien dijo que de la crítica puedes defenderte, pero ante el elogio estás indefenso. Yo añadiría que el aplauso ajeno nunca es gratuito. Cuidado con él.

Antonio

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